Sindrome de diogenes

El sindrome de Diogenes toma su nombre del filósofo de la antigua Grecia Diógenes de Sinope. También conocido como ‘el Cínico’. Aunque este hombre, al contrario de las personas que sufren el trastorno, se desprendió de cualquier pertenencia, predicando la austeridad y la banalidad de los convencionalismos sociales. Sin embargo, se caracterizaba por vivir en soledad y aislado e incluso, despreciaba los usos sociales. Algo que si comparten los pacientes con el síndrome.

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El prototipo de este síndrome es una persona adulta mayor, que vive sola y aislada de su entorno, que acumula gran cantidad de objetos. Además, puede provocar problemas de convivencia con sus vecinos debido precisamente a esa basura que puede oler mal y atraer insectos o ratas. A pesar de que hablamos de desperdicios y suciedad, estos objetos tienen “algún sentido” para la persona que los atesora. De tal manera que, a veces los tiene ordenados y clasificados. Mientras que, en otros casos, se trata de satisfacer un deseo de apego mal dirigido.

La observación de casos repetidos de personas con comportamientos extremadamente huraños que vivían recluidos en sus propios hogares. Además, rehuían cualquier contacto con otras personas motivó la aparición en la década de los 60 de un trabajo científico que detallaba este patrón de conducta.

Las personas con el síndrome de Diógenes se caracterizan por acumular en su casa grandes cantidades de basura y desperdicio.

Causas del síndrome de Diógenes

El síndrome de Diógenes afecta, sobre todo, a personas mayores de 65 años. Sin embargo, normalmente suele ser una enfermedad que aparece como consecuencia de otras patologías previas. Especialmente como el trastorno de personalidad obsesivo-compulsivo. También otras conductas que pueden agravar la condición como el coleccionismo u otras causas.

Al menos la mitad de los pacientes que padecen esta enfermedad sufren alguna clase de enfermedad mental. Especialmente, los diagnósticos relacionados más frecuentes suelen ser la demencia, la depresión psicótica y trastornos de personalidad. Esta enfermedad es más común en mujeres que en hombres, sobre todo en aquellas que están viudas

Aislamiento social, reclusión en el propio hogar y abandono de la higiene son las principales pautas de conducta. Además, las personas que lo sufren pueden llegar a acumular grandes cantidades de basura en sus domicilios y vivir voluntariamente en condiciones de pobreza extrema.

El paciente suele mostrar una absoluta negligencia en su autocuidado y en la limpieza del hogar. De hecho, pueden llegar a reunir grandes cantidades de dinero en su casa o en el banco sin tener conciencia de lo que poseen. Por el contrario, piensan que carecen de recursos económicos, lo que les induce a ahorrar y guardar artículos que no tienen ninguna utilidad. Es frecuente que almacenen grandes cantidades de basura y desperdicios que resultan inservibles.

Los pacientes que sufren esta enfermedad. De hecho, carecen de conciencia de la misma y suelen rechazar además cualquier tipo de ayuda externa. No saben dar argumentos para explicar su conducta y, en algunos casos, éstas resultan psicóticas. Las funciones cognitiva y social están claramente alteradas y no se encuentra ningún patrón a la hora de acumular las cosas.

Prevenciones para el síndrome

Para prevenir este tipo de patología es importante la vigilancia de la familia. Es decir, el control y la observación, sobre todo, en el caso de las personas mayores que viven solas. Se debe prestar especial atención en los casos en los que la persona tiene tendencia al aislamiento o comienzan a mostrarse descuidados.

Variantes del síndrome

Los tipos de síndrome de Diógenes se diferencian en base a cuál es la causa que los provoca. Por un lado, se produce en personas que carecen de otras patologías psiquiátricas diagnosticadas. Por otro lado, en aquellas personas que sufren de trastornos psiquiátricos crónicos como depresivos, delirantes o con demencia.

Diagnóstico del síndrome de Diógenes

Para diagnosticar esta enfermedad es esencial que sea la propia familia la que informe sobre la situación, ya que el paciente no lo hará por sí mismo. Del mismo modo, el especialista debe, en primer lugar, detectar si sufre de síndrome de Diógenes o, por el contrario, sólo se trata de un trastorno obsesivo compulsivo de la personalidad.

Los pacientes de la segunda patología, suelen tener una conducta ego sintónica y, en la mayoría de los casos, alegan una potencial utilidad de los objetos que guardan. Se diferencia del síndrome de Diógenes en que suele ser una conducta que no pasa de los límites de su vida privada por lo que sólo es conocida por su entorno familiar.

Por tanto, es esencial un seguimiento del paciente para observar sus patrones de comportamiento. De esta manera poder detectar la enfermedad. Ya que este síndrome cuenta con un 46 por ciento de mortalidad en los 5 años siguientes a ser diagnosticada.

Tratamientos del sindrome de Diogenes

En primera instancia, el tratamiento para estas personas va dirigido a tratar las posibles complicaciones derivadas del mal estado nutricional e higiénico. Sin embargo, acto seguido es necesario instaurar medidas preventivas para que el cuadro no vuelva a repetirse. Para ello se necesita un apoyo social suficiente o de asistencia domiciliaria y evitar la hospitalización.

El problema es que los propios afectados suelen rechazar la ayuda social. Si no están incapacitados por motivo de alguna patología psiquiátrica de base o una demencia, no pueden ser ingresados sin su consentimiento,  por lo que termina volviendo a su tipo de vida anterior.

Otros datos importantes del sindrome de Diogenes

Suele darse en ancianos con cierta tendencia al aislamiento. Aunque también intervienen otros factores estresantes de la edad tardía. Especialmente, las dificultades económicas o la muerte de un familiar y, sobre todo, la soledad.

La posición socioeconómica no protege de su aparición. Particularmente ya que existen casos de personas que padecían el síndrome  poseían títulos universitarios. Además, con un alto nivel económico y carreras profesionales brillantes.

Los familiares deberían vigilar a sus mayores que viven solos. En particular, si han observado algún factor de riesgo, como un comportamiento huraño o un aislamiento voluntario. No obstante, con frecuencia resulta difícil ayudarlos ya que son ellos los que evitan todo tipo de atención. Esto hace que a veces llegue incluso a debatirse si se trata realmente de una enfermedad o sólo un estilo de vida.

 

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