Síndrome de Estocolmo

El síndrome de Estocolmo es un estado psicológico en el que la víctima de un secuestro o la persona retenida contra su propia voluntad, desarrolla una relación de complicidad con su secuestrador. A veces, los rehenes pueden acabar ayudando a los captores a alcanzar sus fines o evadir la policía.

A veces también se aplica en algunos casos de violencia doméstica o de acoso de menores donde el agresor ejerce un dominio absoluto sobre la víctima, quien acaba presentando una marcada sumisión, dependencia y aparente lealtad hacia el agresor.

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Origen del nombre

El síndrome debe su nombre al robo del banco Kreditbanken, que tuvo lugar del 23 de agosto al 28 de agosto de 1973 en el barrio de Norrmalmstorg (Estocolmo, Suecia). En ese caso, las víctimas defender sus captores incluso después de terminado su secuestro, que duró seis días, y mostraron también una conducta reticente ante los procedimientos legales que se emprendieron contra los secuestradores.

El término fue acuñado por el criminólogo y psicólogo Nils Bejerot, colaborador de la policía durante el robo, al referirse al síndrome durante la emisión de un boletín informativo. Desde entonces fue adoptado por muchos psicólogos de todo el mundo.

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Otros casos
Aunque según la base de datos del FBI de los Estados Unidos, un 92% de las víctimas de secuestro no muestran ningún síntoma de padecer el síndrome de Estocolmo, hay numerosos casos famosos que van desde rehenes de aviones hasta personas individuales que han sido objeto de un secuestro.
De entre todos, destaca el caso de Patty Hearst quien, después de haber sido retenida en 1974 por la organización de extremaesquerra Ejército Simbiótico de Liberación (Symbionese Liberation Army, SLA) se unió a ellos varios meses después de haber sido liberada. Con el tiempo participó en varias acciones de la organización hasta que fue detenida, condenada y encarcelada. En 1979 el presidente estadounidense Jimmy Carter le conmuta la pena y, en enero de 2001 recibía el perdón presidencial de Bill Clinton.

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Otro caso conocido es el de la menor de quince años, Elizabeth Smart, secuestrada en junio de 2002 en el estado de Utah (Estados Unidos) por un perturbado mental que la tomó por su mujer y que fue liberada el mes de marzo de 2003. a pesar de que la familia afirmó que el secuestrador le había “lavado el cerebro” a su hija, algunos psicólogos ajenos al caso especularon que la chica podía estar presentando la sintomatología típica del síndrome de Estocolmo.

Un caso más reciente en que los especialistas consideraron que la víctima sufría una aguda síndrome de Estocolmo es el de la adolescente austriaca Natascha Kampusch, secuestrada el 2 de marzo de 1998 -cuando tenía 10 años- y liberada el 23 de agosto de 2006. Según las personas que la atendieron, la chica lloró cuando supo que su secuestrador había suicidado al verse acorralado por la policía. Los médicos destacaron, sin embargo, que el síndrome es justamente lo que le permitió sobrevivir la situación tan traumática que vivió.

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